Prefiero fierro

Luciana Lamothe en Barro, con curaduría de Sofía Dourron.

Luciana Lamothe (Buenos Aires, 1975) es una artista argentina que, a partir de su praxis escultórica, desborda las dicotomías espaciales tradicionales en rechazo a la oposición entre dureza y blandura para adentrarse en zonas de indeterminación física. Esto lo hace a partir de estrategias de desarticulación material, con las que confronta la rigidez arquitectónica convencional y subvierte los insumos industriales que utiliza como materia prima, sometiendo a su medio a reflexiones profundamente contestatarias.

Egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y participante de la Beca Kuitca (UTDT), su investigación parte de la fractura del tejido social argentino a través del análisis de su materialidad concreta. Participó en la 60ª Bienal de Venecia (2024), así como en exposiciones en el Museo Moderno, Art Basel Miami Beach, la Bienal de Lyon y la Bienal de Berlín, e integra destacadas colecciones públicas y privadas tanto del circuito institucional local como del global.

En Prefiero Fierro, exhibición curada por Sofía Dourron, Lamothe desarticula la fetichización de la forma acabada al exponer la base material que la sostiene. Las esculturas expuestas se centran en la tolerancia física del hierro y sus tensiones estructurales como condición ontológica: su materialidad solo existe en la medida en que resisten la presión ejercida, negándose a funcionar como soporte neutro. La carga física expuesta actúa como huella de su proceso de producción discursiva, y las obras exhiben abiertamente la gramática de su propia construcción.

Dice el texto de sala:

FIERRO: GENEALOGÍA Y ACCIDENTE

El fierro está tan inmerso en la psiquis argentina que no hace falta ni explicarlo. Quizás solo haga falta decir que Luciana forma parte de una genealogía fierrera —Noemí Gerstein, María Juana Heras Velasco y María Simón, entre otras— que desafió los cánones de la escultura moderna y del género de su época.

Heredera de la fascinación por los materiales industriales, pero también de una inclinación congénita por la transgresión, Luciana prefiere el fierro: para transformarlo, forzarlo, retorcerlo. Esos procesos exhiben el interior de los caños de hierro, su lado b, sus entrañas, y también un accidente siempre a punto de suceder. Esta forma latente del accidente, a diferencia de la catástrofe como acto consumado, es constitutiva del mundo bio-sociotécnico en el que vivimos y está presente en cada uno de los materiales y las herramientas que Luciana elige para trabajar. El naufragio, decía Paul Virilio, nace con el barco; en la obra de Luciana, el desgarro, podríamos decir, nace con el caño.

El uso de materiales industriales en su trabajo carga con esta latencia catastrófica: el andamio siempre se puede caer, el caño siempre puede estallar. Cada obra exhibe ese accidente en potencia. Y, en esta muestra, como ya lo hizo en 2011, esa potencia toma la totalidad de la galería, para destruir sus muros. Solo que esta vez no busca dejar el rastro de un acto de violencia individual, sino que revierte esa violencia para hacer lugar a una serie de esculturas de hierro que despliegan el desgarro convertido en estructura.

En Prefiero Fierro, se mantienen intactas partes reconocibles de caños industriales de diferentes tamaños, espesores y densidades: el caño sigue siendo caño, pero Luciana lo destruye y reconstruye hasta hacer aparecer ese potencial de estallido y catástrofe que anida en su interior. Virilio decía que ocultar o minimizar los accidentes es una forma de control ideológico: perpetuar una fe amnésica en el progreso, omitiendo su violencia. Mostrarlos, entonces, sería un acto subversivo, una pedagogía del riesgo.

El accidente atraviesa todas las partes del sistema, casi como un eslabón más del ensamblaje. Los dibujos de manos-herramientas —líneas rojas sobre melamina blanca— se incrustan en los muros que esa mano y esa herramienta destruyeron, casi como una advertencia acerca del riesgo constitutivo del sistema que nosotros mismos construimos. Entre la fragilidad de la melamina y la monumentalidad de los caños petroleros, Luciana pone en primer plano la fuerza material y política de la infraestructura que nos sostiene y de la que formamos parte. Así, la muestra no solo manifiesta una forma de relacionarse con lo no humano que va más allá de la lógica del dominio, sino que demanda, por pura imposición física, una reconsideración de lo que está en juego en los paisajes contemporáneos —tanto urbanos como extractivos— y de sus regímenes materiales, a menudo invisibles pero extremadamente poderosos.

A la manera de sus antecesoras, Luciana responde a la violencia sistémica de nuestro presente con la potencia de las herramientas y los materiales, siempre forzados a subvertir sus usos y funciones habituales para interrumpir los sistemas que los constituyen. Ahora, en una escala avasallante, las obras de Luciana siguen exhibiendo la fragilidad y la violencia que sostienen —y a la vez amenazan— nuestra vida. Lo que ofrece no es una promesa de reparación o de resolución, sino una apertura radical. Un gesto que se niega a perpetuar una ilusión de progreso sin fisuras, para proponer, en cambio, una estética del riesgo.

El título, desde su fraseología vernácula, advierte una postura metodológica: nuestra desidia desarrollista contemporánea (con un tejido productivo ya deshecho) no contempla el remate decorativo como posibilidad efectiva. Las marcas del metal trabajado, fundidas con el óxido, constituyen un registro arqueológico del devenir sensible de la producción industrial argentina. El deterioro deviene principio constructivo; la gravedad, materia expresiva.

Ocultar la falla constitutiva de los materiales es una estrategia de control ideológico para perpetuar la fe en el desarrollo lineal; hacer visible la vulnerabilidad de las estructuras es, por el contrario, un acto subversivo. El dibujo de manos-herramientas sobre melamina convive con la monumentalidad de los caños industriales, recordando que las herramientas de producción contienen la potencia de interrumpir el sistema que las originó.

En relación al dispositivo curatorial desplegado, nos dice la curadora Sofía Dourron:

En estos trabajos de Luciana confluyen varias cuestiones que tienen que ver, por un lado, con la matriz productiva, los materiales industriales y sus usos posibles por fuera de los protocolos normalizados para esas herramientas o elementos, pero también con las fuerzas que se ponen en juego en el proceso de producción de las piezas y durante su exhibición. Esto tiene que ver con la agencia de los materiales y su capacidad de ejercer transformaciones en sus entornos, sobre los otros objetos, pero también sobre las personas. La potencia de las piezas nos habla de elementos que, lejos de una concepción inerte de los materiales, nos muestran su capacidad para el cambio, tanto para recibirlo como para provocarlo.

En ese sentido, el trabajo curatorial y el trabajo sobre el espacio buscan acentuar estas relaciones de intercambio. La variación de escalas y ritmos, los espacios de circulación y la forma en la que se proponen los acercamientos físicos entre las obras y con el público buscan evocar una diversidad de relaciones posibles entre los materiales y los cuerpos, desde la intimidad de las obras pequeñas hasta la monumentalidad de las de gran escala.

Algo de estos posibles vínculos se explicita, quizás, de forma más articulada en los dibujos y su propuesta de una continuidad entre herramienta y mano. Allí se materializa un borramiento de los límites que también aparece, de manera más abierta, en el video.

Al recorrer la muestra, nuestro cuerpo se integra inevitablemente a ese espacio, donde los fenómenos físicos operan como tensiones de sentido y activan una lectura crítica en el acto mismo de la recepción. En Prefiero Fierro, Lamothe desplaza la representación hacia la experiencia fenomenológica, y en ella resuena el esfuerzo físico de lo que supo ser un país industrializado.

Fotografías:
Gentileza Barro

  • Licenciado en Curaduría en Artes por la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Es curador del Cineclub Frufrú y redactor de comunicaciones en el Museum With No Frontiers (MWNF).

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