Sobre la planificación del mes de Agosto en El Lobby, nos comenta su directora artística, Lucia Moore:
Son artistas que necesitaban su propia muestra; todas tenían muchas ganas de gritar (o susurrar, en algún caso) algo a los cuatro vientos, pero vi esa necesidad de mostrarse en las cuatro: de tener su espacio individual donde expresarse con total libertad con el apoyo de sus curadores y personas que acompañaron sus procesos. Venían trabajando hace mucho y ¡era hora de salir del taller al escenario!
Marianela Fidalgo con Silvio Lang y texto de Renata Molinari; Pauli Burgos con Sol Severina y texto de Marlene Wayar; y Rica y Sol ya venían con el proyecto, que se transformó en instalación y acompañó Teresa Giarcovich con su texto.
Todas tienen una mirada y manera de contar queer, y pensé en que iban a convivir muy bien. Y así fue.
FIERAS
Pauli Burgos, con curaduría de Sol Severina y texto de Marlene Wayar
Pauli Burgos (Buenos Aires, 1982) es una artista argentina que trabaja la fotografía y la investigación territorial, herramientas desde las cuales se propone entrelazar el ensayo etnográfico con la memoria histórica regional. Realizadora audiovisual del cortometraje Caspinchango (2012), seleccionado como corto documental en el XV BAFICI (2013), vio su praxis autoral reconocida por el Premio Kenneth Kemble para proyectos colectivos enfocados en los Valles Calchaquíes y la Beca Oxenford para estadías de investigación en Haití. Formó parte de múltiples exposiciones colectivas, en espacios e instituciones tales como el Salón Nacional del Bicentenario (2016), el 48 Salón de Tucumán (2020) y la galería Gachi Prieto (2022).
En exhibición, Fieras despliega dípticos en los que el retrato de identidades travestis dialoga con registros topográficos del monte tucumano. De este modo, la propuesta problematiza los regímenes hegemónicos de visibilidad e interpretación, exigiendo situarse en la grieta donde el archivo del territorio y las geografías disidentes revelan sus huellas soterradas.
Dice el texto de sala:
SALIR DE LO PROPIO: El mundo está estallado de mundo
Lo primero que me llamó la atención de la muestra de Pauli fue la extraña disposición de pares: de un lado, el retrato de una compañera travesti; del otro, una imagen vegetal o del monte que, salvo en algunos casos, no ofrece un paisaje fácilmente reconocible.
En principio una podría preguntarse: ¿qué tienen que ver estas imágenes entre sí?
Pero quizás esa no sea la pregunta correcta.
Tal vez Pauli no nos propone buscar equivalencias sino relaciones.
No parece estar diciéndonos: esto representa aquello. Por suerte. No romantiza a las travestis como naturaleza salvaje ni convierte al monte en metáfora fácil de nuestras vidas. Más bien nos obliga a permanecer en una incomodidad: mirar dos imágenes y aceptar que entre ellas algo sucede, aunque no sepamos nombrarlo.
Entonces surgen otras preguntas.
¿Qué preguntas nos inserta esta sociedad?
¿Qué imágenes, detrás de las imágenes, esta sociedad simplona y ociosa no puede ver?
Miramos a las travestis y creemos ver algo evidente: identidad, género, sexualidad, cuerpo, pose, deseo.
Pero lo evidente casi siempre es una trampa.
Si miramos las imágenes del monte vemos árboles, líquenes, lianas, plantas epífitas y parásitas. Un entramado espeso donde ya no resulta claro dónde empieza un cuerpo vegetal y dónde termina otro.
Entonces volvemos a los cuerpos travas.
¿Dónde comienzan y dónde terminan?
No pienso que lo enmarañado pertenezca solamente a la masculinidad ni que las travestis, por oposición, estemos liberadas de esa maraña. Existe un constructo social tan poderoso que nos hace desconocer nuestra propia sexualidad y distorsiona el deseo de maneras increíbles.
Tal vez lo singular de la travesti no sea estar por fuera de ese régimen sino conocer su lado B.
Ver el cinismo que sostiene ciertas ficciones. Ver la negación de un hombre chupando una pija o dejándose penetrar y aun así negando que eso tenga algo que ver con su masculinidad.
Porque la sexualidad no se organiza por las prácticas sino por los relatos que las protegen.
No es el acto lo que define.
Es la interpretación.
Lohana Berkins decía que nuestros cuerpos eran cuerpos cloacalizados: cuerpos sobre los cuales la sociedad deposita su basura semántica.
Y también decía algo brillante: lo único que diferencia a las travestis de doña Rosa es la ropa interior. Y a veces ni eso.
Esa frase rompe tanto el desprecio como la idealización.
Las travestis no somos monstruos ni santas.
También estamos hechas de hambre de amor, de fábulas, de engaños y autoengaños.
Eso aparece con enorme crudeza en el cuerpo de la compañera retratada con el torso desnudo.
Ese cuerpo nos muestra carne, pero también subsuelo
La silicona aplicada por pobreza para fabricar un cuerpo capaz de sostener una feminidad socialmente legible. No como capricho estético sino como tecnología de supervivencia.
Ese cuerpo muestra consecuencias.
Pero también deseo.
Deseo de olvido. Deseo de cariño. Deseo de ser amada aunque sea por un instante
Oferta sexo crudo, sí, pero también puede ilusionarse con que allí haya algo de ternura.
Antes del acto: elogio, fascinación, adulación. Después: negación, desprecio, violencia.
Es desconocida y hasta culpada por haber tentado a aquel que se pretende inocente de no sé que pecado.
Por eso siento que en esta muestra importa tanto la superficie como el subsuelo.
La superficie: la pose, el retrato, el pecho, la belleza, el monte. El subsuelo: la silicona, la pobreza, los muertos, el deseo negado, la violencia histórica.
Pauli me contó que esas imágenes del monte pertenecen al Camino Viejo, el antiguo camino que unía Tafí del Valle con el pedemonte y que recorrían sus ancestros.
Un camino de esfuerzo, miedo y persistencia.
Un camino atravesado por tránsito ancestral, colonización, guerras calchaquíes y desapariciones durante el Operativo Independencia.
Entonces entendemos algo más.
El monte no es naturaleza virgen.
El monte es archivo.
Archivo de pasos.
De esfuerzo.
De muerte.
De desaparición.Tal vez mirar esta muestra también nos exija salir de lo propio. Y por propio no me refiero solamente a salir de nuestras certezas identitarias, sino incluso a salir de lo humano como medida de todas las cosas.
Entre los cerros y el piedemonte, los pastizales altos, los bosquecitos, la yunga y la selva subtropical mutan unas en otras, produciendo una unidad viva de materia mineral, hídrica, capas geológicas, fauna y vegetación, hoy avanzada brutalmente por los countries.
Ese mundo no espera ser mirado por nosotras para existir. El mundo está estallado de mundo.
Y quizás también los cuerpos travestis sean eso.
Archivos.
Persisten los caminos aunque ya no se usen.
Persisten los árboles aunque nadie los nombre.
Persisten los muertos aunque se los desaparezca.
Persisten las travestis aunque el mundo intente administrarlas.
Vuelvo entonces a una vieja pregunta filosófica: si un árbol cae en el bosque y nadie lo ve, ¿cae de verdad?
La hegemonía lo discute.
Yo no.
No dudo.
¿A quién le importa que el ser humano vea o no la escena?
El mundo está estallado de mundo.
La liebre no está muerta.
Está asesinada.
La diferencia no es menor.
Porque lo asesinado señala violencia, poder y responsabilidad.
Con frecuencia destruimos aquello mismo que deseamos, erotizamos o exotizamos cuando no logramos domesticarlo.
Eso vale para el monte, para los animales, para la sexualidad y también para las travestis.
Primero fascinación.
Luego apropiación.
Después castigo.
Tal vez eso haga también Pauli.
No nos pide decidir qué son esas travestis.
Nos obliga a preguntarnos otra cosa.
¿Qué mundo aparece alrededor de ellas?
¿Qué memorias activan?
¿Qué caminos vuelven visibles?– Marlene Wayar
Partiendo de la perspectiva crítica formulada en el texto de sala de Marlene Wayar, Fieras rechaza lecturas reduccionistas del paisaje como analogía lírica de la subjetividad marginada, proponiéndonos en su lugar una fricción formal entre la carne y la tierra. Cuerpos en donde la silicona opera como un dispositivo para la proyección deseante encuentran su correlato visual en la densidad estratificada del Camino Viejo de Tafí del Valle, espacio histórico signado por las Guerras Calchaquíes y la violencia estatal del Operativo Independencia.
Sobre las representadas, comenta la artista Pauli Burgos:
Yo podría ser ellas.
Y ellas se expanden, ocupan nuevos espacios. Esto somos: salvajes y violentas, vírgenes inalcanzables, vivas entre muertos. Fieras que están en su hábitat natural, la selva, el monte. Un mundo vivo y agreste, un laberinto. Un primitivismo dentro de nuestra civilización. La vuelta a la naturaleza, a la simplicidad de los vínculos. A pisar la tierra con su historia y nuestros sueños.
CARICIA MOSTRA CM
Rica & Sol, con texto de Teresa Giarcovich
Rica (Berna, 1988) es une artista drag suize que opera sobre la corporalidad a través de los códigos estéticos del camp. Con un Magíster en Medios, Poder y Diversidad por la Universidad Pompeu Fabra, así como con amplia formación en la escena Ballroom europea, presentó intervenciones performáticas en espacios como Proa21 y el Museo Moderno.
Sol Caraves (Santiago de Chile, 1992) es una artista chilena interdisciplinaria que establece diálogos entre los estudios de medios, la performance drag y las poéticas de la gráfica y la escultura textil. Egresada de la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes y directora del Taller de Lilith, inscribe su producción dentro de la esfera pública y el activismo de género mediante colectivos como la Asamblea de Gráfiques y exhibiciones en el Museo Nacional del Grabado.
Sobre los aspectos formales de su trabajo colaborativo, nos comentan ambes, Rica & Sol:
Comenzamos a trabajar en febrero de 2025 trazando una línea de investigación sobre materiales blandos, tomamos como referencia antecedentes del antiform postminimalista y la inserción de las soft sculptures de Claes Oldenburg, Sarah Lucas, Louise Bourgeois y Lee Bul. En septiembre de 2025 realizamos una serie de fotoperformances en Buenos Aires junto con la fotógrafa Luisina Duclós. Nuestra intención estética era tensionar espacios arquitectónicos rígidos con nuestra poética blanda. En octubre de 2025 realizamos una instalación junto a otras obras textiles dentro del marco de Abre Villa Crespo, circuito de talleres abiertos, que contó con una activación de arte sonoro por el Ensamble de Serruchos. En noviembre de 2025 Caricia Mostra performeó en la fiesta «La Perversa». En junio de 2026 fue utilizado como vestuario en el desfile del Museo Moderno en el marco del taller de Deseo Cooperativa «Precariedrag – hago lo que puedo con lo que tengo» y también como activación en el taller del artista visual Juan Miceli en el marco de La Gran Paternal.
Uno de nuestros objetivos era que esta escultura se acuerpara y deambulara por la ciudad, en el espacio público, como un manifiesto poético y estético de la monstruosidad colectiva. Nuestro horizonte de proyección busca expandir la escultura en su dimensión sensitiva para generar otro tipo de interacciones más directas con el espectador. Una obra participativa que pueda ser tocada y sentida por los cuerpos, abrazar lo inclasificable, lo desbordante.
En exhibición, Caricia Mostra CM se erige como una entidad orgánica blanda y amorfa que atenta contra las retóricas higienistas de la representación corporal contemporánea: la pieza escultural contenida en sala despliega una materialidad mutable que evoca pliegues y órganos sin adscripción taxonómica.
Dice el texto de sala:
Caricia Mostra
El asfalto de la ciudad limó mis bordes y desdibujó mis límites. He perdido la forma, el contorno, el norte. En ausencia de mis piernas prestadas me derramo sin dirección en el centro de esta sala, incapaz de retener el peso de un vacío que se expande hacia afuera. Me ofrezco como un mapa borrado. Luego de ser vehículo devine naufragio que se filtra a través de la malla, elástica. A la espera de subir una vez más a horcajadas o de que un nuevo cuerpo decida montarme. Manteniendo en la memoria el sonido del roce.
– Teresa Giarcovich
PULSO Y SOMBRA
Marianela Fidalgo, con texto de Renata Molinari
Marianela Fidalgo (Buenos Aires, 1985) es una artista argentina que articula una praxis que problematiza los límites entre la gestión cultural y la intervención sociourbana. Formada en Artes Visuales por la Universidad Nacional de las Artes y en caracterización por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, su trayectoria abarca la exposición en espacios como el MACBA, Galería Palos y el Centro de Arte Universitario de La Plata, la participación en programas formativos como Artistas por Artistas (Fundación El Mirador) y FUTURA (CCEBA), y una beca parcial para realizar la Residencia Cobertizo (2025), en la ciudad de México. Desde 2025 impulsa Blop, una plataforma itinerante de investigación site-specific orientada a ensayar respuestas poéticas ante las dinámicas de gentrificación y las transformaciones del mercado inmobiliario a partir de la colaboración entre artistas en inmuebles en transición.
En exhibición, Pulso y sombra presenta una reconceptualización de la noción de piel, a partir de obras que dejan de definirse como un contorno anatómico cerrado para pensarse como una membrana hibridada que facilita el intercambio entre entidades humanas y no humanas. Esto lo hace exponiendo piezas pictóricas y una estructura objetual donde traslada el saber técnico de la caracterización fílmica y teatral hacia una investigación sobre la permeabilidad de la materia.
Dice el texto de sala:
Cuando observo un rectángulo dividido por una línea horizontal, no puedo evitar ver un paisaje. Tengo que hacer un esfuerzo posterior a mi primera intuición predictiva, explicarle a mi cerebro que debe detenerse un paso antes y ver sólo una línea, como un signo del lenguaje humano, nada más que el rastro de una persona que busca, con su pulso o píxel, la continuidad.
Y es justamente en ese afán predictivo que la continuidad se vuelve imperante, sostén del mundo. Queremos imaginar que si ubicamos dos puntos en nuestra línea, siempre encontraremos un punto intermedio. Pero, ¿qué pasa cuando ese punto no está a la vista?
Ante la paz que proporciona la idea de un continuo siempre divisible, la sospecha de un agujero o un salto aparece como un peligro inquietante.
Es por ello que cuando una sombra acaricia las superficies decidimos, por nuestra tranquilidad, que todas esas superficies continúan imperturbadas, e incluso nos damos el lujo de suponer, con sensación de certeza, cómo se verían esas superficies si no existiera tal sombra. En esa suposición, en esa predicción compulsiva, es que aparece la ficción.
Esta forma de ficción primaria no sirve para imaginar futuros posibles o pasados contrafácticos, tampoco para ubicar supuestos y experimentar con una hipótesis. Esta forma de ficción primaria sirve para rellenar todos esos fragmentos de realidad a los que no podemos acceder de forma directa con nuestra percepción. Sirve para garantizar el continuo en espacios mínimos a los que no podemos acercarnos ni con el lente más sofisticado, y para asegurarnos de que lo que está oculto podría pertenecer sin sobresaltos al mundo de lo visible.
Sin embargo, a veces nuestra compulsión predictiva se relaja, y parece que ese camino automatizado que toman los impulsos eléctricos en nuestras neuronas, se desviara. Muchas veces, en medio de la noche, confundí un abrigo con una persona. Y aunque había visto ese abrigo en plena luz, colgando de ese mismo perchero, la silueta humanoide me provocó momentáneamente la certeza de que había alguien. La certeza incorrecta ganó la carrera sináptica, y me provocó un miedo real.
Las obras de Marianela Fidalgo parecen ahondar en esa sombra, en ese vacío que se genera justo antes de que se efectúe la predicción. En las pinturas, las pinceladas evidentes y a su vez coordinadas sugieren superficies posibles, al borde de lo reconocible, pero aún improbables. El oficio que acompañó a Marianela maquillando pieles a lo largo de su vida laboral, podría haberle otorgado un conocimiento particular de las superficies y de lo superficial.
Existe cierto consenso sobre la superficie como aquello que debe ser penetrado o perforado para conocer lo que realmente está ocurriendo «en profundidad». La superficie, o la piel, «envuelve» algo más real que está adentro. Sin embargo, la teoría holográfica sugiere precisamente lo contrario. Surgida del estudio de los agujeros negros, donde la física deja de responder con certezas, propone que toda la información que ocurre en una región del espacio puede describirse completamente como lo que ocurre en su frontera.
Si nos alejamos entonces, por un momento, de la idea de un mundo continuo, con propiedades fijas, y nos atenemos a los patrones repetitivos que, hasta ahora, construyeron nuestra idea de realidad, podemos pensar de modo análogo la superficie, o la piel no como contenedor de una esencia interior, sino como patrón que se mantiene en resonancia con lo que la rodea. Ese pulso vital, que afecta y es constantemente afectado por su entorno, se refleja en esta serie de pinturas a través del ritmo preciso de las pinceladas y el eco sutil de los colores. Cada obra de la serie aborda un estado de la materia distinto, en el que el sujeto puede encontrarse en plena transformación o incluso aparente estabilidad. Esta cualidad plasmada en las imágenes como superficie, se desdobla en la escultura que reconstruye un momento de cambio suspendido en el tiempo, un paso entre la solidez y la fluidez, o un estado de viscosidad imposiblemente equilibrado. Esa misma resonancia, plasmada en las imágenes como superficie, encuentra su cuerpo en la escultura. Suspendida en el tiempo, reconstruye un paso entre la solidez y la fluidez, un estado de viscosidad imposiblemente equilibrado.
La idea de la piel como frontera se refuerza en el tríptico, donde dos figuras de cualidad superficial diversa se enfrentan en un encuentro, lucha o intercambio. Ahí la frontera se revela completa: constitutiva del individuo, pero también origen de su cambio permanente. Se demuestra la fragilidad del borde, y se sugiere un acto creativo complejo, tal vez hasta violento.
Si bien la pulsión de vida, la mutación y la repetición son temas que atraviesan la obra de Fidalgo a lo largo de su producción reciente, por primera vez vemos estos recursos definidos por una iluminación externa, que sugiere relaciones entre un individuo y un entorno, entre individualidades en diálogo, y que pone la frontera o la piel como protagonista.
– Renata Molinari
Bajo el acompañamiento de Silvio Lang y la mediación de Renata Molinari, la exhibición posiciona a la pintura como un campo vivo de interdependencia afectiva y material, en el que la pincelada de Marianela adquiere una dimensión táctil y sintomática; registro procesal de las distintas mutaciones y desplazamientos de nuestra memoria.










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