Sobre la planificación del mes de Junio en El Lobby, nos comenta su directora artística, Lucia Moore:
En esta oportunidad elegí trabajar con dos artistas muy diferentes entre sí, pero que al mismo tiempo comparten ciertas sensibilidades que me parecía interesante poner en diálogo. Por un lado está Cecilia, artista de Buenos Aires, con una trayectoria muy vasta. Esta es su quinta muestra individual y desde 2021 no realizaba un solo show. Por otro lado está Paloma, que tiene 28 años, nació en Jujuy, estudió en Córdoba y hoy vive y trabaja en Buenos Aires. Esta es su primera exposición individual. Ambas habían presentado proyectos y me pareció muy interesante generar este cruce intergeneracional y también territorial: una artista nacida en los años ochenta y otra en los noventa, casi 2000, una de Buenos Aires y otra de Jujuy.
SISTEMA SEÑAL SEÑAL SISTEMA
Paloma Ludueña en El Lobby, con texto de Felipe Ballarena
Paloma Ludueña (La Rioja, 1998) sitúa su producción en una constante investigación sobre los límites, las fricciones y las relaciones vinculares entre el cuerpo, la arquitectura y el tejido. Para Ludueña, lo textil excede el plano meramente material: se constituye como una verdadera lógica de pensamiento capaz de estructurar el espacio habitable.
Sobre la práctica de Paloma, nos comenta Lucia Moore:
Paloma trabaja recolectando elementos metálicos de la calle, asignándoles un color y, a partir de eso, construye tejidos tensados que intervienen la arquitectura. Sus piezas atraviesan y reconfiguran el espacio. En esta muestra incorporó nuevos elementos, aunque sigue trabajando mayormente con colores primarios: amarillo, rojo y azul. Pienso esos hallazgos urbanos como una especie de arqueología contemporánea; encuentra una señal, algo que alguna vez tuvo utilidad y lo re significa, desde ahí imagina una nueva forma de habitar el espacio. Una de las obras, incluso, está pensada para la interacción con el público.
Acompañada del texto escrito por Felipe Ballarena presenta SISTEMA SEÑAL SEÑAL SISTEMA, una exhibición minimalista que busca reducir el mundo a sus componentes más esenciales. Al ingresar a la sala, la propuesta nos interpela a través de una serie de piezas monocromas estructuradas rigurosamente en torno a los tres colores primarios: rojo, azul y amarillo. El anclaje material de las obras (objetos metálicos encontrados en la calle) fueron posteriormente reconfigurados en el taller para sostener los tejidos tensados que desafían la ortogonalidad de la arquitectura del lugar.
Dice el texto de sala:
Si se dispersa la atención en todas las direcciones probables, el espacio y las manos inventaran la estela de una intuición; entonces puede ser contado algo así:
Al comienzo lo peina la primera sensación de un Amarillo suave y honesto. Entre tanto y canto hay que estar atenta a las distracciones. Antes, alguien tendrá que convencer a la esquina de abandonar su vértice: una leve anomalía afectiva que desobedece la arquitectura y le cambia el humor. Ánimo! Ánimo! Lo que queda es una parábola, un mapa para encontrar la dirección del sentido. La dirección y el sentido podrían ser lo mismo pero uno apunta hacia adentro y el otro hacia un costado de las cosas.
Notar una señal para alguien más, es la afirmación de que nos unen las casualidades; aunque no
existan!
reveladas serán motivo de celebración y olfato de las nuestras;
Señales!
Señales más suaves que una idea Amarilla de purísimo color.Si giramos cuidadosamente la cabeza, en el mejor de los casos, aparecerá una táctica de aproximación. Buscará anunciarse en el momento exacto en que lo que se siente, es propósito y significado. Un Rojo tan Rojo que su presencia, te frena y alarga la mirada. Entonces de nuevo: Un Rojo es tan Rojo como puede serlo. En él se presenta el espíritu de su onda; La vibración de ser vista, imagen y reflexión de tela, es lo que organiza la distancia.
Se puede tocar el aire como si en él se escondiera un código secreto;
alargamos nuestro mejor dedo y presionamos:
rojo azul amarillo. En ese orden.
tres colores bastan! como sea, lo primario, en esencia, escarba el mundo hasta los estados fundamentales de la experiencia:
rojo azul amarillo. Clave correcta y valentía activada para lo que queda del día.Luego, más pronto que tarde porque la presión con la que estira su azul emana su lugar en este juego, se hallará en lo más cristalino de su invisible, el espacio ocupado, afectado, condicionado; Se miran y cuando avanza coloca el cuerpo en un solo pie, desplaza el otro tipo rayuela, pisa y presiona el mundo como la gravedad hacia la tierra. Tal vez parezca que solo esté caminando pero está sala es un secreto a simple vista, el mejor de los escondites.
Te pregunta y le respondes, azul, claro que azul! oscuro que azul!. Aprieta tan azul que abre, rasga y desgarra el vacío que pidió ocupar.
¡Por esta vez! ¡Carácter provisorio!
Las manos continúan, pelo por pelo, diente por diente, trazando lo que se aprendió a ser;
cómo
una hormiga que sigue una línea
más química que invisible
hecha de antenas y chispas internas
que guía
el peso verde de su alimento
así como las manos
que tejen una verdad
más química que invisible
hecha de antenas y chispas internas
que guía
el color entero de una intuición.
El recorrido conceptual de la muestra puede abordarse a través de las frecuencias físicas y afectivas que propone el texto de sala de Ballarena, quien nos invita a agudizar el olfato y la atención. Al intercalar la rigidez del metal recuperado en la vía pública con la flexibilidad de la tela tensada, Ludueña logra que «tres colores basten» para escarbar la experiencia humana hasta sus estados fundamentales.
Esta recuperación, acto de radicalidad minimalista, nos invita a recuperar la atención sobre cómo nuestros cuerpos se relacionan con la materia y la arquitectura circundante.
Esta muestra, aunque autónoma en su planteo conceptual y metodológico, cohabita el espacio expositivo de El Lobby con Sacromambo, una exhibición de Cecilia Méndez Casariego con la curaduría de Emmanuel Franco y texto de Javier Villa. Esta escala modesta e íntima invita a un diálogo de proximidad entre los proyectos de ambas artistas, que termina por complementar las ideas expositivas.
SACROMAMBO
Cecilia Méndez Casariego en El Lobby, con la curaduría de Emmanuel Franco y texto de Javier Villa
La producción reciente de Cecilia Méndez Casariego llega a El Lobby tras haber decantado sus investigaciones materiales en la residencia del Museo Campo Cañuelas entre 2024 y 2025. El marco institucional de Sacromambo se inscribe así en la continuidad de un corpus que indaga en la memoria y los Derechos Humanos (línea que ya había traccionado en el Centro Cultural Haroldo Conti), articulando ahora una propuesta individual que opera como el fósil de una transmutación conceptual.
Sobre la práctica de Cecilia y el concepto curatorial de la muestra, nos comenta Lucia Moore:
Cecilia en esta ocasion, se mueve entre el blanco, el dorado, el negro y el ocre, y aborda la idea de lo sagrado en lo cotidiano. Tiene una manera muy particular de encontrar espiritualidad en aquello que parece mínimo o doméstico. Puede ver una imagen en una mancha de humedad y, a partir de allí, desplegar todo un imaginario. Sus pinturas parten de esa capacidad de proyectar y de imaginar. Cuando presentó el proyecto me llamó la atención que había dado un giro respecto de lo que yo conocía. Además de las pinturas, realizó cuatro esculturas. Una de ellas no fue creada específicamente para esta muestra, la recuperó de su epoca de La Belgrano y descubrió que, en realidad, siempre había hecho cabezas. Cada una de estas esculturas está asociada a un elemento: una contiene fuego y tiene una vela en su interior; otra sostiene agua en las manos; otra alberga tierra; y la última representa el aire, quizás la más difícil de resolver, para la que incorporó la flauta que la acompaña desde su infancia. A partir de este conjunto de pinturas y esculturas, Cecilia construyó una narrativa sobre el origen y la imaginación de cada pieza.
La curaduría la realizó junto a Emanuel Franco y, en paralelo, mantuvo un largo diálogo con Javier Villa que terminamos convirtiendo en un fanzine. Nos pareció que esa conversación era tan rica y tan bella que merecía transformarse en una pequeña publicación. Además, conserva mucho la impronta de Cecilia: no es un texto curatorial académico, sino un texto profundamente personal y sensible.
Dice el texto de sala:
Sacromambo es un proyecto expositivo de la artista Cecilia Méndez Casariego (1980). Se compone de una serie de pinturas y esculturas que trazan una geografía emocional donde emergen, dispersas, diversas manifestaciones del tiempo, la memoria y los retazos sin forma de la vida y de la muerte.
A través de una pintura trabajada por capas —oscureciendo, aclarando y deformando aquello que parece producto de una observación obsesiva de la realidad—, Cecilia propone una serie de imágenes fantasma que cuestionan los límites entre los saberes terrenales y los ancestrales, entre aquello que tiene la potencia de ser y al mismo tiempo de no ser.
Cada obra parece el fósil de una transmutación: lo que dejó un ritual que transforma la materia en otra cosa —la contemplación en forma, la casualidad en riesgo, la imaginación en conocimiento—.
Negro, blanco, dorado, plateado y marrón son los colores que acompañan estos cuerpos hibridos, como heraldos de una conciencia tanto individual como colectiva. Una energía que remite a un orden superior y a la vez a lo más bajo, una forma de conocimiento intuitiva que se acerca a lo sagrado.
La exhibición se organiza a través de un recorrido físico y conceptual donde se tensionan las fronteras entre la observación obsesiva de la realidad y la abstracción espectral. En este itinerario, el espectador se enfrenta a cuerpos híbridos donde la alternancia de soportes intercala capas pictóricas que deforman las imágenes.
Por último, sobre el diálogo entre ambas artistas y los objetivos e intereses de El Lobby, nos comenta una vez más Lucia Moore:
Creo que entre ambas artistas hay coincidencias y antagonismos. Las dos parten de señales y hallazgos: Cecilia encuentra imágenes y sentidos en una mancha de humedad; Paloma encuentra restos en la ciudad y los transforma en nuevas arquitecturas. Ambas trabajan desde la imaginación y desde la capacidad de resignificar aquello que aparece frente a ellas.
Y, de alguna manera, ese espíritu también define el rumbo de mi gestión en El Lobby. El norte de este proyecto es que sea, fundamentalmente, un espacio para artistas mujeres y disidencias. Este año pasarán más de veinticinco artistas por el espacio, en su mayoría en muestras individuales simultáneas, donde cada exposición tiene su propia curaduría y cada artista cuenta con total libertad para experimentar. Aprovechando que El Lobby no es una galería comercial, ni una institución, ni un museo, nos interesa fomentar el riesgo, la prueba, el ensayo y la posibilidad de hacer algo que quizás en otros espacios sería más difícil de producir. Pero, sobre todo, nos interesa fomentar la colaboración entre artistas.
El Lobby se llama así un poco en chiste y un poco en serio. La realidad es que el espacio lo hacemos entre todos los que lo habitamos. La gente se conoce, conversa, surgen proyectos, amistades, colaboraciones y nuevas ideas. Se generan redes. En un contexto tan complejo para la cultura, creemos que encontrarnos cara a cara, sostener espacios de intercambio y construir comunidad es también una forma de hacer comunidad, promover el arte contemporáneo, de seguir pensándonos colectivamente y, en algún sentido, de resistir.
