En exhibición, A la vuelta del majestuoso expone un panorama villaguayense de Carla Britos que somete al descarte diario a una traducción técnica hacia la tradición pictórica nacional. Frente al lienzo convencional, la artista activa una construcción material por capas donde las bolsas plásticas operan dialécticamente entre el residuo y la «aparición cromática»: los bloques traslúcidos emergen del consumo popular para luego consolidarse en una plasticidad perdurable, a partir de retomas a La vuelta del malón de Ángel Della Valle, obra canónica del arte argentino.
En estas composiciones, se destaca la proliferación de motivos de la iconografía regional de Entre Ríos que, filtrados por la distancia, sintonizan con las recientes revisiones críticas de la tradición y el folclore del territorio cada vez más presentes en las prácticas artísticas contemporáneas. Lejos de responder a una nostalgia pintoresquista, estos componentes se despliegan acá desde un impulso que busca ennoblecer la memoria propia.
En relación a lo temático, nos comenta la artista Carla Britos:
La elección de La vuelta del malón surge del impacto que me generó la primera vez que la vi. Yo ya tenía veinte años y era la primera vez que iba al Bellas Artes; no tenía ni idea de que ese tipo de arte existía en nuestro país desde esa época.
La relectura que me propuse hacer fue, por un lado, cambiar esa idea del malón que se roba los dones, esa idea del triunfo de la civilización por encima de la barbarie. Además, leí que este tipo de representación fue elegida como una expresión para diferenciar a los espectadores de arte: a aquellos que opinan sobre lo que ignoran de aquellos que tienen una capacidad más elevada de discernimiento. Elegí ese escenario de mi pueblo porque me pareció el ideal para invertir esta idea. Yo quería exponer un escenario que fuese toda la civilización y la barbarie al mismo tiempo, y darle una connotación positiva: no un ocaso, sino un nuevo amanecer. «Majestuoso», en mi pueblo, es un boliche, una bailanta. El escenario es la avenida principal (la que todos nombramos «calle Ancha»), a las 7 de la mañana. Ahí podés encontrarte con gran parte de los personajes de mi ciudad: aquellos que vuelven del boliche, las señoras que recién se levantan y salen a caminar, familias y borrachos, pibes que fueron a fumar al skate, caballos, perros, autos, todo junto. Además, nos conocemos la mayoría: todos somos civilización y barbarie.
Mi búsqueda conceptual, tanto en la elección de los materiales con los que trabajo como en la de los escenarios que elijo, es la de ennoblecer lo común y corriente. Elegí esta obra porque quienes entienden de arte pueden entender el guiño a la original, y elegí el escenario de mi pueblo porque me gusta realizar ese guiño también a la gente de allá, hacerlo reconocible para ellos, en contra de esa idea de discernir a los que saben de los que no.
Dice el texto de sala, escrito por el artista Benjamín Felice:
Santa Rosa de Villaguay, ciudad Entrerriana fundada por dominicos en 1823, puebla de temas criollos a la artista Carla Britos que, continuando los modos en que su pintora más representativa, Olga Blanc, investigó y representó sus costumbres.
Lo bucólico en las pinturas de Blanc, aquella idea insistente del realismo mágico de la pintura argentina, en Britos, han ganado nuevas capas, literalmente. Su ingeniería, la pintubolsa, interpreta o deriva podríamos decir, de la reciente nueva corriente que interpreta la tradición del rosa light del arte argentino y que, por su vocación de diseñadora industrial, le han instrumentado para pensar en nuevas traducciones materiales, diseñar sus paletas, redefinir sus motivos y componer pensando en una tradición folclórica de la primera academia artística argentina de principios de siglo.
En las escenas de Britos, el tema popular no busca, a diferencia de la obra de su coterránea, una nostalgia representacional. Sino producir un espacio formal, diría hasta regionalista, desde la reinterpretación del tema criollo en la pintura nacional. Su composición parte de la interpretación del dinamismo en la pintura de Ángel Della Valle, vuelta del malón (1892). Britos reconfigura la lectura de lo ingenuo a la comprensión y traducción formal de sus recursos visuales. En Britos, el grotesco no es en lo que Blanc está nombrado como creatividad infante, sino una decisión sostenida que acentúa su lente y sus motivos localistas. El color en la pintubolsa, se organiza en capas que componen bloques de complementariedad cromática traslúcida, que resulta en una técnica que cita la estridencia de las marcas de supermercado y almacenes de las que saca su materia prima. La bolsa en su naturaleza de descarte o basura, en Britos toma la autonomía de material noble, de plasticidad perdurable o de paleta de artista.
A la vuelta de Majestuoso, la obra de gran formato que compone la pieza central de esta muestra de recortes villaguayences, trae a Britos la oportunidad de confluir desde su aparente intención de humor, la solemne mirada renovada de su pueblo natal en relación a las recientes prácticas de un joven arte del territorio argentino.
Esta muestra, aunque autónoma en su planteo conceptual y metodológico, cohabita el espacio expositivo de El Lobby con Estados de vida, una exhibición de Vico Bueno con la curaduría de Emmanuel Franco. Esta escala modesta e íntima invita a un diálogo de proximidad entre los proyectos de ambes artistas, que termina por complementar las ideas expositivas.
Nos comenta, una vez más, la artista Carla Britos:
Creo que mi obra dialoga con la de Vico en el sentido de que comparten un par de operaciones similares: la superposición, en su caso, es de imágenes; en el mío, de recursos (las bolsas), presentando elementos «velados», por así decirlo. Además, ambas presentan elementos propios de la pintura, aunque la mía no lo sea (está creada entendida de esa manera). Creo que su obra dialoga con los escenarios público-privado (íntimo-exterior); en mi caso, los polos opuestos que dialogan son el discurso conceptual (la reinterpretación de una pintura tan importante para la historia nacional, los recursos visuales y el guiño en el nombre que apelan a la interpretación de quien sobreentiende historia del arte) y la parte discursiva del relato personal. La operación principal en mi obra tiene que ver con ennoblecer lo común y corriente, lo propio, quizás de manera un poco solemne, al performar como si fuera una pintura y estar constituida por bolsas de supermercado.
La muestra se puede visitar los días jueves y sábados de 18:00 a 20:00 horas hasta el 30/05. Asimismo, es posible coordinar una visita fuera de estos días y horarios mediante cita previa.









