Entusiasmo Público

Liv Schulman en el Centro Cultural Recoleta, con la curaduría de Carla Barbero.

Liv Schulman (Buenos Aires, 1985) es una artista argentina que reside entre París y Buenos Aires, cuyo trabajo subvierte al lenguaje como dispositivo mediante la creación de performances y producciones audiovisuales. En estas obras, sus personajes (contradictorios e irónicos) deconstruyen discursos políticos y económicos hasta llevarlos al absurdo. Formada multidisciplinariamente en la ENSBA Lyon, la UTDT, Goldsmiths y la ENSPA París-Cergy, su trayectoria cuenta con reconocimientos tales como los premios ADAGP, la Villa Vassilieff Bourse y el Prix de la Fondation d’entreprise Ricard. Asimismo, su trabajo formó parte de exposiciones en el Centro Pompidou, el Museo Reina Sofía, la Bienal de Rennes y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, entre otros.

En exhibición, Entusiasmo Público en el Centro Cultural Recoleta, constituye su primera retrospectiva institucional y abarca piezas realizadas desde 2011 hasta la actualidad. El falso documental, las series de televisión, el registro de performance y las telenovelas integran la plétora de formatos híbridos con los que Schulman tensiona el lenguaje, con el objetivo explícito de exponer los vaivenes del discurso que rige nuestros cuerpos subjetivos dentro de la experiencia social y el espacio político contemporáneo.

En relación al recorte, nos comenta la curadora Carla Barbero:

Poder ver todo el trabajo de Liv Schulman reunido confirmó una idea que sospechaba: es una artista que tiene una visión muy total sobre su producción y diseña de manera casi obsesiva la forma en que quiere que su obra se muestre, se vea y se conceptualice hacia afuera. Trabajar con ella fue un proceso muy fluido.

Primero distinguimos cuáles eran los hitos más significativos dentro de todo su recorrido. Creo que fuimos muy exhaustivas y, en ese sentido, la exposición es muy generosa. La curaduría más aguda y fina se dio hacia adentro de las obras pensadas como series televisivas, que cuentan con numerosas temporadas y capítulos. Ahí sí tuvimos que aplicar más la tijera, pensando en ser muy justas con la serie para que quedara bien representada.

Por ejemplo, de la serie Control (2011-2016), que conocí por YouTube hace muchos años y me había enganchado un montón, hay muchísimas temporadas, pero en la expo se exhiben sólo siete capítulos que considero muy representativos de todo el conjunto. Lo mismo ocurrió con la otra serie que filmó completamente en interiores en Francia: tiene dos temporadas y solo incluimos algunos capítulos de una de ellas.

En general, la muestra tiene la audacia de ostentar exhaustividad. Y lo digo con gracia, porque es impensado que si toda la exposición dura 6 horas y 20 minutos, alguien se pase todo ese tiempo dentro de la sala. Sin embargo, me interesa la fantasía que propone esa duración, porque es un poco la medida de ese «tiempo plástico» que Liv Schulman utiliza en el audiovisual.

Por momentos, podemos ver cosas cotidianas y universales con elementos siderales o abstractos. Ese vaivén de escalas también sucede en términos temporales: nunca sabés muy bien en qué tiempo está sucediendo lo que ves. La fantasía temporal que propone Liv Schulman tenía que estar incluida de algún modo en la propuesta.

En términos llanos, para delimitar referencias (relativamente) accesibles al aspecto formal de su propuesta, podemos decir que sus cortometrajes se pueden situar en diálogo con los guiones hipersatíricos del Luis Buñuel tardío, así como resuenan con las dinámicas, códigos y ritmos histriónicos de las producciones realizadas por Armando Iannucci para la BBC (caracterizadas por planos-secuencia ágiles y una cámara cruda), y con una prosa que retoma tanto el absurdismo vanguardista de Daniíl Jarms como las tendencias neodadaístas de escritores tan diversos como el argentino César Aira o el suizo Urs Allemann.

Dice el texto de sala:

Las obras de Liv Schulman (Buenos Aires, 1985) interrogan los modos en que el lenguaje organiza la experiencia social y política: cómo los discursos —artísticos, terapéuticos, económicos— producen formas de vida. Tras una prolífica trayectoria internacional, esta exposición reúne por primera vez en Argentina, en un espacio institucional, obras realizadas entre 2011 y la actualidad. La selección abarca sus trabajos audiovisuales más significativos en formatos como la ficción documental, la serie televisiva, el largometraje y la telenovela, piezas que revelan en la insistencia un método para elucubrar la relación entre lenguaje, economía y subjetividad.

Desde Control (2011–2016), una figura rumiante habla, interpreta y conecta. Ese impulso se repite y se transforma en cada trabajo posterior: los discursos circulan, se contaminan, generan hipótesis inestables sobre la vida. En Un círculo que se fue rodando (2024), la palabra deja de ser individual para volverse colectiva y espacial: circula entre cuerpos, se arma y desarma en el movimiento, componiendo una coreografía con la ciudad.

La economía aparece en la obra de Schulman como motor perceptivo. En La desaparición (2013), cambiar un monto de dinero en diferentes monedas sucesivamente hasta agotarlo se convierte en una escena de transformación subjetiva: mientras el capital se diluye, la voz que intenta narrarlo pierde orden y se desborda. En The New Inflation (2022), la inflación es pensada como condición que atraviesa escalas —desde la expansión del universo hasta la vida cotidiana en Argentina— y el trauma económico se convierte en una forma, oblicua y precisa, de imaginación histórica.

El humor y el absurdo —a menudo hilarantes— recorren toda la obra catalizando emociones. Un modo paranoide sostenido bajo la apariencia del sinsentido es, también, una posición frente a la contemporaneidad: una resistencia a los discursos que administran el desánimo como norma.

La propuesta curatorial de Carla Barbero logra ordenar el archivo de la artista para ofrecer, como experiencia radical, una narrativa de más de 6 horas de duración que expone a las lógicas coloniales y financieras que imponen al desánimo como la nueva norma de nuestra existencia diaria. Esta exposición no solo destaca por su propuesta estética, sino también por su vocación de apertura hacia el público: pensando en la habitual diversidad de visitantes que recibe el Centro Cultural Recoleta, todas los audiovisuales de la muestra están completamente traducidos y subtitulados tanto al español como al inglés. Asimismo, la profusa producción audiovisual de Liv Schulman se despliega en el espacio como un ecosistema de salas de cine, sillones y reposeras, en donde las hipótesis inestables sobre la vida se contaminan unas a otras, situando al espectador como parte de un corpus performático unificado.

Sobre la puesta en espacio de la exhibición, nos dice, una vez más, la curadora Carla Barbero:

El espacio y el tiempo dieron pie a pensar una sala donde la experiencia física de quienes la visiten esté tocada por los rasgos y virtudes de la obra de Liv Schulman. Por un lado está lo temporal; lo inabarcable como fantasía. Uno puede ver la muestra de pe a pa si quiere, pero llevaría mucho tiempo; está ahí esa voluntad de lo grande, lo vasto y lo profundo de lo existencial. Es como cavar en la tierra buscando el sentido, directo hasta el núcleo y sin parar.

[En relación al espacio, buscamos] una experiencia corporal que implicara encontrar una situación de expectación diferente para las piezas. La serie Control (2011-2016), que se vió mucho en Youtube, tiene un espíritu re doméstico, por la técnica con la que lo hizo, muy austera, y transmite algo muy del hogar: para exhibirla pensamos una situación de living de casa, con dos personas en un sofá. En cambio, la película Un círculo que se fue rodando (2024) propone una situación en el microcentro tan inmersiva en términos de imagen que me pareció atinado que los cuerpos asistan a algo espacialmente inmersivo. La escala magnificada de la película te hace sentir adentro de la misma y del microcentro, donde te puede asaltar un ligero mareo si intentás leer los subtítulos y escuchar al mismo tiempo.

Me pareció divertido encontrar pequeños climas para cada obra: Si es una exposición larga, está bueno pensar que los cuerpos puedan ir tomando formas, sentándose o teniendo experiencias físicas diferentes en el espacio, como con el uso de las reposeras para ver Brown, Yellow, White and Dead (2020). Tratamos de generar en cada lugar su propio entorno, pero conviviendo todo junto. Para mí era clave no poner paredes ni dividir la sala en boxes. Eso ayudó un montón a que la experiencia fuera un continuo de imágenes en movimiento y múltiples sonidos, pero que cada pieza está trabajada de forma tal que podés concentrarte en una sola. De hecho, la mayoría tiene auriculares personalizados y son solo tres piezas las que tienen el sonido abierto.

Hay algo de buscar movilizar a los cuerpos que participan de la muestra. Queríamos alejarnos de la idea de que el videoarte o el arte audiovisual consiste en sentarse en un banco a ver algo que pasa frente a nosotros. La propuesta es encarnar algo de lo que viven los personajes, que tienen mucho de delirantes y surreales, pero sus preocupaciones y roces son lo mismo que nos pasa día a día en la vida contemporánea. También hay algo del humor y la apuesta espacial que hicimos en la sala, intentamos llevar de la mano a los visitantes para hacerlos partícipes, conmoverlos y sumergirlos en ese mismo movimiento y sincronía.

Liv Schulman retrata personajes atrapados en un malestar implícito del que carecen registro; un escenario psiquiátrico que se postula como dispositivo catalizador de los traumas de la realidad argentina. Su muestra se inscribe en una línea curatorial que busca ofrecer exposiciones antológicas a artistas que llevan alrededor de 15 años de trabajo sostenido. Exponer en un espacio público representa un hito fundamental para cualquier artista por su capacidad de conectar con audiencias masivas y heterogéneas, clave para el fortalecimiento de nuestra escena cultural. 

Si el año pasado la programación del Centro Cultural Recoleta estuvo enfocada en realismos exacerbados y grotescos, la búsqueda para este 2026 se orienta hacia el humor, el absurdo y el desplazamiento de los sentidos. Este recorrido curatorial tendrá otro hito importante hacia fines de octubre con la inauguración de la gran exposición retrospectiva de Mauro Guzmán, que ocupará las salas 7, 8 y 9

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