En 1976, durante los albores del Proceso de Reorganización Nacional, la galería Carmen Waugh inauguró Creencias y supersticiones de siempre, una exhibición conjunta de dos figuras tan pivotales como disímiles en el entramado de producción artística contemporánea en la Argentina: Antonio Berni y Federico Manuel Peralta Ramos.
Esta muestra, concebida con antelación al golpe del 24 de marzo que instauró el modelo burocrático-autoritario responsable de la detención/desaparición y tortura de 30.000 personas en el territorio nacional, partía de una premisa clara: entender a las devociones vernáculas como el resultado de la sublimación de las angustias que afligían a la conciencia colectiva del país.
O al menos así lo propuso Berni, quien presentó La Difunta Correa, una instalación que, dispuesta cual ábside, situaba en su altar una representación de esta figura folclórica a la manera de su producción tardía. Por su parte, Federico Manuel Peralta Ramos, interpretando libremente la acepción de lo «popular», decidió parodiar lúdicamente al cine con La tumba de Tut-Ank-Amón: una enorme caja de hierro habitada por el artista Ithacar Jali, disfrazado de momia.
El interés de Berni por este tipo de representaciones no se limitaba a lo estético, sino que presentaba una inclinación hacia aquello que podemos considerar lo ético; durante su vida, realizó sistemáticos viajes por el norte argentino para relevar los santuarios y la iconografía de la fe popular, llevando a cabo un trabajo de identificación y promoción de los rasgos estilísticos de estos credos que operan por fuera de la institucionalidad eclesiástica.
Hoy en día, La Difunta Correa se erige como una de las piezas fundamentales de la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, en donde el drama y el milagro se entrelazan a través del ensamble y el relieve, elevando el mito popular a la categoría de épica nacional, a la vez que reivindica la innobilidad material de lo sacro-vulgar-criollo. A 50 años de la muestra original que la puso en circulación, el curador Rodrigo Alonso propone una lectura alrededor de esta obra patrimonial que nos invita a adentrarnos tanto en su contexto de producción como en su cronología de exhibición.
En esta nueva edición de “Creencias y supersticiones de siempre”, la Colección Amalita expande la propuesta original. Para ello, repone la densidad histórica y documental de la época, permitiendo un diálogo directo con el proceso de investigación que le dio origen.
La propuesta de Alonso no se limita a una exhibición monográfica. El proyecto enriquece el relato de aquella matriz histórica de los años 70′ al incorporar la producción de otros artistas que compartieron ese horizonte de preocupaciones metafísicas y rituales. Reconocido por registrar la escena artística de su época, Pedro Roth se integra a la exposición como un pensador visual que aborda la mística desde la tradición hebrea. Asimismo, la muestra recupera la obra de Ithacar Jali (performer, veterinario, bombero y gurú esotérico), quien encarnó a la momia en la muestra de 1976, enriqueciendo así el mapa conceptual del proyecto.
Complementando su mausoleo-animita egipcio, el microcosmos de Federico Manuel Peralta Ramos se hace presente a través de sus manifiestos y textos, los cuales proponen una fe ficta que problematiza la trascendencia humana. Entre discursos absurdistas y existencialistas, estas manifestaciones completan el panorama de una época obsesionada con aquello no visible.
Como síntesis precisa entre el archivo histórico, la documentación de época y las demandas del arte contemporáneo, el curador Rodrigo Alonso nos presenta una relectura integral que permite al público redescubrir el legado de estas búsquedas estéticas. Una oportunidad para comprender las tensiones entre la fe, el mito y la vanguardia, así como para interiorizarnos en las posibilidades que nos presentan este tipo de simulacros expositivos.










