Si

Federico Roldán Vukonich en La Porteña, con curaduría de Paloma Beracochea.

Federico Roldán Vukonich (Paraná, 1993) es un artista argentino cuya obra gira en torno a la exploración de la violencia, la memoria y la potencialidad sanadora del arte a través de paradojas materiales y formales. Licenciado en Artes Visuales por la Universidad Nacional de las Artes, su trabajo integra el acervo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el Museo de Bellas Artes de Entre Ríos y diversas colecciones privadas en la Argentina, Estados Unidos y Alemania. Cuenta con proyectos individuales que incluyen Pobre Duende (Galería Quimera, 2019), Perspectiva de cura (Casaproyecto, 2025) y participaciones destacadas en el Premio Proyecto A (2017), la Bienal de Arte Joven (2017) y exhibiciones colectivas como Adentro no hay más que una morada en el Moderno (2021).

En exhibición, Si, curada por Paloma Beracochea, Roldán Vukonich despliega un ejercicio de afirmación radical frente al dispositivo curatorial. El título de la muestra opera como un manifiesto y un síntoma de su permeabilidad ante el montaje, evidenciando una disposición casi performática de Federico a aceptar las directivas del diseño expositivo: este diálogo tan ameno entre artista y curador se cimienta en la amistad que ambos comparten.

Sobre su relación con el artista, nos dice la curadora Paloma Beracochea:

A Fede lo conocí en un auto volviendo de Santa Fe, de una feria en la estación Belgrano. Mi tía tenía un stand y él también. Yo tenía 19 años, y le conté que me estaba por mudar a Buenos Aires para estudiar la Licenciatura en Curaduría en Artes en la UNA.

Me dio su contacto, me hizo conocer gente nueva y me dijo: «Lo que necesites, hablame». Muy divino. Cuando nos volvimos a encontrar, modelé para su marca y a cambio me dio clases de escultura. Desde la técnica es muy riguroso; sabe un montón. Yo siento que tiene muchísimo para dar. Hace poco volvió de su residencia en Bolivia muy feliz, profundizando las investigaciones sobre sus materiales de trabajo.

Esta propuesta curatorial constituye una retrospectiva de exhibiciones pasadas, reuniendo los hitos de su recorrido. Cada montaje anterior resuena en el presente de la sala para evidenciar las tensiones, los desplazamientos y la persistencia de sus obsesiones formales.

Sobre el origen conceptual del título y su metodología de trabajo, nos dice Federico Roldán Vukonich:

La muestra reúne 5 años de diferentes series de trabajo. Mi forma de trabajar es muy espontánea en relación a las ideas que se van materializando en diferentes formas que, para mí, a largo plazo van a construir un ecosistema de formas, de recursos y de símbolos, que en algún momento se podrían llegar a leer como un todo.

Decidí que se llame “Si” porque me di cuenta, al pensar un poco en el nombre, que mi manera de trabajar en general es decir a casi todo que sí. El sí es un recurso sostenido, por un lado en esto de las invitaciones y si participar acá, y por otro lado también en mi forma de pensar la obra cuando estoy trabajando en el taller: no descartar casi nada. El mecanismo sería: cuando viene una idea nueva, a pesar de que no tiene nada que ver con la idea anterior o que por ahí tengo que probar un material, una forma, un acabado o un procedimiento nuevo, le digo que sí y lo pruebo. No la descarto, sino que la dejo fluir, y al final me doy cuenta de que eso tiene mucha relación con este ecosistema. Una idea, decirle que sí, hacerla fluir y en ese fluir todo va encajando.

A través de la chapa de automóviles intervenida con disparos o esculturas de cruces de cartón oxidadas que simulan metal, el artista subvierte los objetos cotidianos y los símbolos ancestrales para reflexionar sobre las fragilidades humanas, la sobreexposición contemporánea y la posibilidad de reorganizar los quiebres internos mediante una experiencia estética ritual y contemplativa.

En sala, las obras de Roldán Vukonich colisionan en el espacio, exacerbando el óxido, el brillo radiactivo y esa naturaleza abyecta que atraviesa toda su poética. En lugar de una escenografía estática, la exhibición propone como red estructurante una membrana que envuelve el trabajo riguroso y manual del artista, concebida como un gesto continuo.

Respecto a la selección material y la experiencia espacial en la sala, nos dice Federico Roldán Vukonich:

En la muestra se pueden ver obras muy dispares: cajas, figuras prismáticas, girasoles, corazones rotos, chapa, papel maché, pintura de auto, papel virgen, madera, masilla epoxi; hay mucho de todo a lo que le dije sí en algún momento.

La tarima negra de la galería, por lo larga que es, me daba la sensación de entrar a un showroom o a un local de objetos y muebles. Te permite empezar a ver las obras de manera individual y, al mismo tiempo, entenderlas en conjunto como un todo: como un mismo ecosistema. Tener otra perspectiva diferente a que en una exhibición individual las obras estén aisladas. También me interesó la propuesta porque circula un público que está ajeno al mundo del arte contemporáneo en el que me muevo, que es mucho más amplio, y está bueno que la obra circule por esos espacios para que me devuelva otras miradas y otra perspectiva.

Acompañando la exhibición de Federico Roldán Vukonich, La Porteña comparte espacio con la exhibición Monstruos y tesoros, un ejercicio de montaje colectivo y efímero también curado por Paloma Beracochea. Concebida como una convocatoria rápida y libre de especulaciones comerciales, la muestra reúne a un grupo de artistas jóvenes para reflexionar sobre entidades monstruosas o marginales que resguardan objetos de inusitada belleza.

Dice la curadora Paloma Beracochea:

El título Monstruos y tesoros surge de pensar a estos artistas como pequeños «freaks» que tal vez no producen piezas convencionalmente bellas, pero resguardan ciertos tesoros. En el montaje final no hubo una búsqueda semiótica compleja ni una bajada conceptual rígida, sino más bien una disposición orientada a que las obras simplemente se vieran en el espacio disponible.

Mi idea es que funcione de manera mutante, proyectando agregar, quitar o rotar artistas durante los días que restan, para finalmente plantear otra dinámica hacia el cierre con pequeños textos, descripciones o anécdotas sobre el trabajo de cada uno.

Esta exhibición opera como un ensayo celebratorio sobre los afectos, sentando bases comunitarias que complementan la radicalidad íntima de Si.

  • Licenciado en Curaduría en Artes por la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Es curador del Cineclub Frufrú y redactor de comunicaciones en el Museum With No Frontiers (MWNF).

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