El artista, coleccionista y comunicador Federico Jorge Klemm, nacido en 1942 en Checoslovaquia, arriba a Buenos Aires en 1948 huyendo de la posguerra europea. Formado multidisciplinariamente, estudió canto lírico con la mezzosoprano checa Růžena Horáková y perfeccionó su presencia escénica bajo la tutela de Marcelo Lavalle. Sin embargo, fue su vínculo con la artista Mildred Burton lo que definió su gramática visual, heredando de ella una inclinación por los motivos temáticos que marcaron su producción pictórica.
Con una obra dominada por la teatralidad y un monumentalismo de carácter wagneriano, Klemm articuló producciones en donde la desmesura manierista y el mito posmoderno se entrelazan para difuminar los límites entre la alta cultura y el kitsch-pop.
Sobre la figura de Klemm y las lecturas alrededor de su obra, nos comenta la curadora, Guadalupe Chirotarrab:
Klemm fue una figura compleja; durante mucho tiempo no se le perdonó encarnar simultáneamente al artista y al millonario excéntrico. Se movía entre personajes del orden político y económico, a la vez que integraba la farándula porteña y se codeaba con celebridades internacionales. Como amante del arte, destinó su fortuna a conformar un acervo fundamental para la cultura local y a impulsar la producción artística contemporánea, tarea que continúa vigente a través de la Fundación Klemm.
En su momento, la singularidad de sus imágenes no fue del todo comprendida. Hoy podemos valorar con mayor claridad su visión; la transgresión de normas que encarnó en sus prácticas, en la construcción de su propia imagen y en sus modos de problematizar las nuevas tecnologías dentro de su producción visual. En ese sentido, Klemm es, sin duda, un artista que encuentra nuevas claves de lectura en el presente.
A treinta años de su apertura, la Fundación Klemm mantiene vivo su legado, a partir de una colección con más de 760 obras de artistas muy diversos; pinturas, esculturas, grabados, dibujos, instalaciones y videoarte. Órgano ejecutor de las voluntades de su difunto artífice, al día de hoy, la institución trabaja para la promoción del arte contemporáneo, tanto argentino como internacional. Creada en 1995, este espacio intersecta las múltiples sensibilidades de su fundador, de manera que podemos decir que ambos Klemm -la fundación y el hombre- comparten una misma preocupación estética oscilante: por un lado, abrazan el refinamiento técnico y la ambición académica; por otro, se inclinan hacia el impacto emocional y la indocilidad D.I.Y.
Interiorizarse en la producción plástica de Federico Klemm no es solo un ejercicio de apreciación estética. Es fundamental para comprender los criterios detrás de una de las colecciones más importantes de la Argentina y Latinoamérica.
La actual retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta es el punto culmine de un extenso proceso de investigación iniciado por les curadores Federica Baeza, Guadalupe Chirotarrab y Santiago Villanueva: la continuación orgánica de «Encantador de la Noche», un ciclo de tres episodios iniciado en 2022 para conmemorar los 80 años del nacimiento del artista y los 20 de su fallecimiento. Aquella tríada de exhibiciones (“Telecristales y Homoerotismo”, “El Cisne en Llamas” y “Ópera Madre”) propusieron reactivar el archivo Klemm para devolverlo a su lugar de pensador visual crítico, tan relevante para el análisis de la contemporaneidad.
Sobre este cuarto episodio, nos dice Guadalupe Chirotarrab:
«Federico Klemm. Iluminador de mitos» amplía la investigación que desarrollamos para las exhibiciones de 2022 en varios sentidos. No se trata de un cierre sino de una expansión, no sólo por la envergadura de esta nueva exposición, que nos permitió sumar trabajos como “Sansón y Dalila”, su última serie de imágenes digitales tomadas con la icónica cámara Sony Mavica en 2001, sino también por el alcance de públicos al que accede una institución tan concurrida como el Centro Cultural Recoleta.
Dice el texto de sala:
La figura de Federico Klemm vuelve al Centro Cultural Recoleta, lugar donde presentó exhibiciones y performances emblemáticas en los años 90 y 2000. Klemm fue artista, mecenas, coleccionista, performer, aficionado a la ópera, decorador, diseñador, escenógrafo, loca, amante de la noche, galerista y figura mediática. Esta muestra antológica reúne más de noventa obras, con la curaduría de Federica Baeza, Guadalupe Chirotarrab y Santiago Villanueva, y da continuidad al ciclo Encantador de la noche presentado en las salas de la Fundación Klemm en 2022.
La primera sala se centra en la relación con su madre Rosa, las figuras femeninas que admiró, el amor por lo escénico y la ópera. Federico se imaginó a sí mismo como un cantante lírico, afición que practicó tanto en sus performances como en sus apariciones en eventos nocturnos. Esta ópera es un relato entre el drama, la tragedia y la comedia de su propia vida. El punto culmine es la muerte de su madre y la teatralización de su despedida.
La historia bíblica de Sansón y Dalila, presentada en la segunda sala, fue el relato en el que se centró Klemm para su última serie. La fuerza, la traición y la caída fueron los tópicos que le permitieron construir una nueva escenografía en el que profundizó sus conceptos de artificio y simulacro mediante gigantografías y telgopor. Entre la antigüedad del mito, la ficción y la reproducción digital de las imágenes, Klemm de algún modo anticipó el presente.
La última sala de la exhibición indaga en la representación del cuerpo masculino. En figuras que nuevamente se camuflan entre mitos y relatos religiosos para mostrarse en realidad como cuerpos sexualizados, deseados y deseantes. Estas imágenes, que luego se integraban a sus foto-pinturas, tenían su punto de partida en tomas que el mismo Klemm hacía a sus modelos. El universo de los telecristales era el escenario, espacio antiguo y futurista a la vez, que reunía a estas imágenes.
En Argentina, Klemm fue uno de los grandes precursores de la cultura de la imagen y la televisión. Esta muestra en el Centro Cultural Recoleta permite al público interiorizarse en el ecosistema emocional de un hombre que hizo de su propia existencia una obra de arte. Guadalupe Chirotarrab aporta:
Su propuesta ético-estética, su elocuencia, sus looks y sus contenidos llegaban literalmente a millones de televidentes de todos los sectores sociales. Si bien en su momento muchos lo consideraban, paradójicamente, un outsider, su rol en la cultura artística local de los años 90 es ineludible.
Su performatividad atravesada por una sensibilidad queer, circuló tanto por la noche porteña como por los medios masivos, al mismo tiempo que incidió en el campo de la educación artística. En ese cruce entre visibilidad, autorrepresentación y construcción de identidad pública, su figura se anticipó a las lógicas contemporáneas de las redes sociales.
Logrando una síntesis entre el archivo histórico de la Fundación y las nuevas lecturas que el arte contemporáneo demanda, el equipo curatorial nos presenta una relectura integral que permite al público general redescubrir el legado de uno de los más notables ejemplos de gesamtkunstwerk criollo.
Fotos: Gentileza Centro Cultural Recoleta










